Ahí está el detalle (II)

Ahí está el detalle (II)

En la entrega anterior, dejamos en suspenso la pregunta: si un escritor sólo puede usar unos pocos detalles, ¿con qué criterio selecciona los detalles no esenciales? No basta, por supuesto, con decir que los detalles se eligen con la intención de producir el efecto de realidad del que habla Barthes, ya que esto no señala cómo se lleva a cabo dicha selección. Barthes decía que un detalle no esencial cumple dos funciones: la de representarse a sí mismo, y la de representar la realidad (la «ilusión referencial»). Me atrevo a sugerir que además de esas dos funciones hay otras tres que trataré a continuación (…)

Ahí está el detalle (I)

Ahí está el detalle (I)

Hace poco, viendo una colección retrospectiva de la pintora norteamericana Georgia O’Keefe, encontré una cita que me pareció familiar: «Nada es menos real que el realismo… Los detalles confunden. Sólo un proceso de selección, eliminación y énfasis nos permite llegar al verdadero significado de las cosas» (1922). No la había leído antes, pero me resultaba familiar porque la idea, expresada con otras palabras, aparece en la gran mayoría de entrevistas con escritores. Todos parecen coincidir en que la «representación de la realidad» —que es la provincia de la ficción— está relacionada con la «verdad». Cualquiera de esas aparentemente tersas afirmaciones esconde un verdadero nido de víboras conceptual que de inmediato genera algunas preguntas (…)

La suerte tatuada en la piel

La suerte tatuada en la piel

Hace más de cien años que se está enterrando la novela, como género, como forma, como arte. Hay quienes dicen que la gente ya no lee, como si hubiera habido una época dorada en la que todos eran asiduos lectores. Hay quienes dicen que ya no se publica literatura, con mayúscula, como si hubiera habido una época en la que cada novela publicada hubiera tenido la calidad de un Quijote. Felizmente, la novela sigue dando poderosas señales de buena salud (…)

Tener algo que decir

Tener algo que decir

Hace poco estuve en una feria del libro donde escuché en más de una ocasión un comentario que siempre me ha parecido curioso: «el escritor tal no tiene nada qué decir». Como todos los pronunciamientos taxativos también éste nace con un talón de Aquiles que resulta invisible para quien lo formula. Una lectura benigna podría entenderlo como una afirmación hiperbólica. En todo caso, no se la puede ignorar, no porque plantee una justa evaluación sobre un autor, sino porque es un meme que se usa como si estuviera realmente claro qué significa (…)

Caer del estado de gracia

Caer del estado de gracia

Uno de los temas centrales de la novela Desgracia de J.M. Coetzee, publicada en 1999, es la caída social de un profesor universitario. La adaptación al cine, dirigida por Steve Jacobs, parece ilustrar otro tipo de caída: lo que pasa cuando un cineasta se niega a asumir las diferencias que hay entre la novela y el cine (…)

En la puerta del horno

En la puerta del horno

De un tiempo a esta parte se han popularizado los talleres literarios en el mundo hispanoamericano, cosa que me alegra mucho, ya que es un síntoma de que quizá la concepción romántica del escritor está empezando a desaparecer. Espero, sin embargo, que quienes adopten el taller como espacio de aprendizaje no caigan en el mal entendido común de considerarlo como una suerte de horno donde donde entran manuscritos apenas terminados para salir obras completas, ya listas para la imprenta. La realidad es bastante diferente (…)

El arte de la seducción

El arte de la seducción

El arte de la ficción es, en buena cuenta, un arte de seducción. Los primeros párrafos debe lograr que el lector quede tan interesado en el texto que esté dispuesto a seguir leyendo. El peligro con este tipo de afirmaciones es que se conviertan en una búsqueda de una fórmula que desemboque en una heterodoxia que se aplique a rajatabla a toda novela que se nos cruce en el camino (…)